Desde que empecé con la CI he reflexionado mucho sobre las causas que habrían podido llevarme a contraer esta enfermedad, y echando la vista atrás me doy cuenta de que siendo una niña de 12 o 13 años ya tuve mi primera cistitis, tendría 20 años cuando sufrí una pielonefritis producida por cálculos renales, y seguí con cistitis y cólicos hasta que con 27 años gracias a la litotricia (técnica que entonces era novedosa) pude, por fin, eliminar todos los cálculos. En mi familia paterna ha habido, que yo sepa, tres casos más de litiasis renal.

También he tratado de analizar la parte emocional por si ello tuviera que ver con esta enfermedad; creo que mi personalidad demasiado perfeccionista y exigente conmigo misma, además de las cargas familiares que asumí durante 22 años, han podido influir en las causas que originaron la CI (o no, ¡claro! esto no se sabe, solo es una reflexión).

En los últimos años, el trabajo (soy enfermera y trabajaba en un hospital) se volvió muy estresante y creo que también pudo influir en que el dolor se hiciera más intenso, en las hematurias ocasionales, en tener que aguantar sin poder ir al baño, etc. Todo ello a pesar de que mis compañeras me ayudaban si yo tenía un mal día, sin cuestionar mi enfermedad, que, por otra parte, nadie conocía. No me atrevía a coger bajas porque unos días estaba bien, otros mal, a ratos se me pasaba y otros ratos no me podía ni mover; no era una gripe que sabes que dura unos días y después se pasa y ya está.

Fue ésta una etapa muy dura, no sabía porqué de repente sin haber hecho ni comido nada fuera de lo normal empezaba el dolor. Mi desconcierto era total, y la cantidad de visitas a distintos médicos sin que llegaran a un diagnóstico, con tratamientos que no me mejoraban en absoluto fue lo que me llevó a buscar en internet la ayuda que necesitaba. Así, encontré a ACACI y fue un alivio tremendo, por fin encontraba algo que me hacía bien, personas que entendían lo que me pasaba y que sufrían lo mismo que yo. Empecé a ir a las reuniones anuales y vi cómo las compañeras trataban de conseguir que la CI se conociera, y también vi especialistas preocupados por nuestra enfermedad, tanto urólogos, fisioterapeutas o psicólogos, y otras terapias alternativas que trataban de paliar las carencias de la medicina en la CI.

He observado también, en estos 6 meses que llevo jubilada que me siento mucho mejor, el estar tranquila, sin horarios ni responsabilidades, haciendo lo que me va bien y sin forzar ninguna situación es lo mejor de esta nueva etapa. El sentimiento de libertad, de saber que yo puedo administrar mi tiempo, y que me puedo dedicar más a mí sin perjudicar a nadie, es lo que me está dando más vida.

Por último, quiero deciros que me siento profundamente agradecida a ACACI, que nunca seré capaz de devolver todo lo que yo he recibido. Por eso, ahora que puedo, estoy tratando de participar más activamente en la asociación. Os animo a asociaros y a participar en esta gran empresa que es hacer que la gente se sienta apoyada y comprendida, en aliviar, dentro de lo posible el sufrimiento, y, en definitiva, llenar el hueco que la medicina tradicional no puede cubrir. GRACIAS ACACI. Merche